Érase una vez una princesa olvidada, perdida en un libro, en una hoja del cuaderno que prometiste llenar de escritos, que no sabe en qué día vive, de qué país estuvo a punto de ser reina, qué galante caballero se presentó en un caballo blanco a robarle el corazón y teñir el cielo de rojo y consiguió que no dejara de llover y la hizo esconderse entre tus manos. En forma de cuento interminable que nunca sabe por dónde empezar.